La Solidaridad volvió a llenar el Jovellanos de barrio, cultura y compromiso

Anoche, el Teatro Jovellanos no fue solo un escenario: fue un punto de encuentro. Un lugar donde la música, el humor y las actuaciones se pusieron al servicio de una causa mayor, recordándonos que cuando Gijón se une, pasan cosas hermosas. La Federación de Asociaciones Vecinales de Gijón celebró una nueva edición del Festival Solidaridad, una gala que nació desde el movimiento vecinal y que, año tras año, demuestra que la ciudad tiene un corazón enorme cuando se organiza desde abajo, desde los barrios.

El público respondió con esa calidez que solo se consigue cuando lo que ocurre sobre las tablas es auténtico. Y lo fue, porque este festival no se sostiene únicamente con luces y programación: se sostiene con horas de preparación, coordinación, llamadas, reuniones y trabajo silencioso. El que no se ve, pero hace posible que todo salga bien. La FAV, junto con sus asociaciones, volvió a demostrar que la solidaridad no es un lema: es una forma de hacer ciudad.

Un reconocimiento con nombre y con historia: Fundación Pequeño Deseo

El momento más emotivo de la noche llegó con la entrega del galardón a la Fundación Pequeño Deseo, una entidad que lleva años transformando momentos difíciles en esperanza real, cumpliendo sueños de niños y adolescentes gravemente enfermos. Su labor, tan discreta como imprescindible, merece ser contada y reconocida en voz alta, porque detrás de cada deseo cumplido hay un impulso de vida y una familia que recupera aire.

La responsable de proyectos en Asturias, Camino Luna, recogió el premio con emoción y agradecimiento, recordando algo que a veces olvidamos: que para seguir cumpliendo esos deseos hace falta apoyo constante, colaboración y una red que no falle. Y esa red, en buena parte, empieza en lo comunitario.

Desde el movimiento vecinal, además, este reconocimiento tenía un sentido muy especial: algunas asociaciones han vivido de cerca casos concretos en los que la colaboración ciudadana marca la diferencia. Porque cuando un barrio se moviliza, la solidaridad deja de ser abstracta y se convierte en ayuda tangible, de la que cambia vidas.

Artistas que se suman por convicción

Si esta gala tuvo fuerza, fue también gracias a la generosidad de quienes se subieron al escenario. Artistas que aportaron su talento con una actitud ejemplar, entendiendo que su presencia era mucho más que un número: era un gesto, una alianza con la causa y con el trabajo vecinal. El cartel de la noche reunió música, monólogos y actuaciones con un denominador común: la solidaridad sin postureo, la que se hace de verdad.

Hubo, además, un instante de recogimiento que unió a toda la sala: un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, un gesto sencillo pero lleno de respeto que convirtió el teatro en un espacio compartido de memoria.

La asistencia de público fue amplia y cercana, como se espera de un festival que pertenece a la gente. También estuvieron presentes representantes institucionales, sumándose a una noche que, por encima de todo, fue un ejemplo de lo que puede lograrse cuando cultura y comunidad caminan juntas.

Porque este festival no es solo un evento: es una declaración. Una manera de decir que los barrios organizados son capaces de impulsar solidaridad real; que el arte, cuando se pone al servicio de los demás, multiplica su valor; y que hay entidades como Pequeño Deseo que merecen que la ciudad entera les devuelva, al menos, una parte de todo lo que ellas entregan.

Ver noticia en EL COMERCIO

Ver noticia en LA NUEVA ESPAÑA

La FAV reconoce la labor altruista de Camino Luna en Pequeño Deseo